Skip to content

Cuéntote un cuento

Andante

Y un día, avisado con señales que nadie vio, se produjo el colapso, la parada, el atasco definitivo. El número de sabios y locos sumó la cifra mágica, vaticinada en Los Libros. Las murallas de las grandes ciudades alcanzaron el límite, dieron un paso más y lo dejaron atrás; las ciudades desaparecieron, se convirtieron en una multitud de hogares libres, distintos.

Sí, lo recuerdo, no fue así de sencillo como lo cuento. Se necesitan más de ochenta y cinco palabras para cambiar el mundo.

Mucho antes, alguien (un alguien con un nombre y dos apellidos que hoy no conocemos porque su nombre no importa, con un rostro y un cuello y una voz que volarían los aires de medio mundo) se levantó de su cómoda silla ergonómica y echó a andar. Volvió a su pueblo, en el que, en los últimos veinte y ocho años había pasado veinte y ocho horas de cada veinte y ocho días. Más o menos. En el lugar que dejó en La Ciudad, allá al otro lado de los muros que comenzaban a desvanecerse, las personas que le conocieron, y no le olvidarían, sabían de su marcha, de sus razones. Y sus razones convencieron, a unas durante días, a otras para siempre. Y más de una dejó la Ciudad. Y más de una dejó su cómoda silla, su cómoda vida. Una hermandad, separada tiempos y espacios, que a su paso contagiaba a quienes, inconscientes, se atrevían a acercarse.

Él, en su habitación, en su pequeña mesa, sacó punta, con la navaja de su abuelo, a un viejo, pequeño lapicero de carpintero de madera roja. En una hoja de papel escribió, de memoria, diecisiete nombres de persona. Trece nombres de pueblos.
Fue difícil, posible, convencer a quince de los hombres y las mujeres que señalaban y escondían esos nombres. Doce Casas de Andantes se fundaron ese primer año. Un camino marcado partía desde la puerta de cada casa hasta la puerta de otra. Miles de autopistas aéreas, unas más lentas que otras, llegaban y partían desde rincones, mares, ciudades; todo el mundo estaba al alcance de los Andantes-Navegantes. Quince, sumando sus memorias y libretas, llegaron hasta los cien pueblos de la provincia. A uno de ellos le duró el entusiasmo inicial una semana, a otros, a otras, hasta el día de su muerte. Pocos se habían hablado entre sí en los últimos, recientes años. Todas se recordaban y amaban lo que fueron hasta que la vida les separó, las llevó a unas lejos, a otras más lejos; a unas rápido, a otras lento.

El mapa de la región se fue llenando de líneas continuas, senderos que caminantes de todo tipo seguían cada semana. Llegaban en parejas, o con sus madres, o con sus hijos. Alguno solo, alguna sola, con una cámara de hacer fotografías o con un cuaderno en el que apuntar lo que veía y lo que pensaba. En los caminos y las casas descubrían la historia de su pueblo. Las historias de sus pueblos. Región cercana y olvidada. Regada por la sangre idéntica de cien razas diferentes, hermanas al fin en esta tierra siempre fronteriza. Unas recordaban. Otras imaginaban. Muchas sólo miraban para contarlo. Uno y una de cada mil se detuvieron y soñaron y pensaron. Y pasaron varios, suficientes miles. Sin conferencias ni arengas ni comunicados. Con la sola presencia de la vida sentida alrededor.

Andante2

Fragmento de obra de Steven Stahlber

La higuera de cien brazos y mil hojas sobre el pozo viejo y fresco; el lomo cultivado, tallos leves, como pellejo de ciervo joven; hierbas diferentes en cada mata salvaje, de nombres olorosos, sabrosos que alguien nombrara; el camino que va de este pueblo a aquél sobre el horizonte, y que antes llegaba desde las montañas azules y partía hacia el mar verde, cuando los rebaños de todos los reinos atravesaban esta tierra.

Mirar el sol, perfecto círculo, de frente en el amanecer. Flotar entre la niebla sin perderse en ella. Caminar sobre la piel de los montes, oírles susurrar antiguas, siempre nuevas, canciones. Sentir las estrellas cercanas, rodeándonos, murmurando entre ellas, divertidas, nuestras andanzas. Detenerse si el cansancio, el paisaje, la conversación lo piden, sin la prisa ladrona. Descubrir con los pies y las manos senderos que nuestros ojos daban por perdidos. Al final de cada camino, caminado con el propio cuerpo, se descansaba en la conversación, en el silencio, en el alimento siempre bueno. Fabricar un objeto útil con las manos; regalar una enseñanza, que crees sólo tuya, a quien la recibe sorprendido y sonriente. La conmoción de descubrir que lo sublime está al alcance de cualquiera. Descubrir lo cotidiano que es lo maravilloso. Descubrir que casi todo lo que necesitamos está al alcance de las manos. Descubrir que se pueden sacar bienes de la maleza más dura.

Primero durante tres tardes, dos noches y dos mañanas; un oasis de vida en un desierto de sucesos. Más tarde, con un paso que resultaba siempre más sencillo de dar que decidir dar, regresaron para quedarse. A vivir. A ayudar a otros a vivir.  Sencillamente echaron cuentas de lo que había; de lo que tenían y no tenían y necesitaba y no necesitaban. Echaron cuentas. Sumaron. Dividieron. Números. Fuerzas. Esfuerzos. Y resultó que uno y uno sí que eran, que habían sido siempre, dos. A pesar de que los dueños de las pizarras y las tizas escribieran un enorme uno y miles de decimales minúsculos.

El tiempo se convierte en amigo cuando no se espera de él nada que él no pueda ofrecer. Algunas voces respetadas, lanzaron las nuevas a los oídos y los ojos y las mentes del mundo. Emisores, repetidores, receptores, suplementos dominicales a color, tertulias, estudios académicos, foros. La Red que había nacido libre, para llevar la libertad a cada rincón, que creció a pesar de las paredes, que, más tarde, fue utilizada, controlada por los controladores, despertó de su letargo, multiplicó las voces, los oídos, los ojos . Envío sus últimos mensajes antes de detenerse… a la espera de que se volviera a necesitar su ayuda.

Sin un golpe. Empujando, con el peso de manos y miradas apoyadas en manos y miradas apoyadas en manos y miradas levantadas desde la llanura, desde los montes.
Nos dimos cuenta que podíamos iniciar el eterno viaje eternamente esperado. Las palabras dejaron de estar en los corazones para habitar las manos, los pies, las ingles. Sin miedo, sin vergüenza empezamos a hablar de Paz y Armonía y Hermanos y Alegría. Y sonreímos al recordar cuando nos reíamos al leer o escuchar esas palabras.

…………………………………..

– Que sí, mi hermano, el pequeño, vive en Valle Verde y este mes trabaja en el Consejo. En las fiestas de este año ya no cantaremos todos juntos; se les ha ocurrido que de cada pueblo elijamos uno…
– Mejor, yo canto muy mal…
– Pues a mí me gusta, aunque lo haga tan mal como tú..
– Esa no es la cuestión…
– Pues así será. Cada pueblo llevará un cantante, y los Consejos votarán quién es el mejor, y habrá regalos para él y para su pueblo…
– ¿Regalos? ¿Qué regalos?
– No sé, me supongo que la comida y bebida que antes repartíamos entre todos los que íbamos a cantar…
– Pues ya debe ser bueno el que cante…
– Dicen que esto ya se hace desde hace tiempo en otros pueblos. Que allí el cantante se pasa los días practicando.
– ¿Y quién se ocupa de hacer su trabajo?
– No tiene trabajo, o sea, cantar es su trabajo. El Consejo se ocupa de darle casa y comida y … todo lo que necesite para cantar bien…
– ¿Y de dónde saca El Consejo eso? ¿Trabajan más?… a mí ya me costó sacar para mí cuando estuve el año pasado…
– Eso no lo sé seguro. Dicen que se pide a todo el pueblo una parte… pequeña…
-¡Ah!, bueno, así sí puede ser… ¿pequeña?… ¿Os imagináis que hiciéramos eso aquí? ¿y qué Constante fuera el cantante del pueblo?…
– ¡ Con lo que come y bebe!
– ¡ Y los metros de tela y kilos de cuero que necesita para vestir y calzar !
– ¡ Y lo que calza !
– Pues la verdad es que canta bien Constante…
– ¿Quién calculará cuánto hay que pedirle a cada vecino? ¿Quién lo medirá? ¿Quién irá puerta por puerta…?
– Y mi hermano también me ha contado que la última tormenta del verano hizo una torrentera en el Cerro Negro. El agua arrastró mucha tierra hasta la linde de las eras, desde las viejas ruinas y algunas se han desenterrado…
– Mi bisabuelo me contaba historias de la vieja ciudad…
– Dice que lo primero que se ha visto aparecer es la cabeza de hierro de una estatua. Al parecer es de un hombre con una mano levantada y algo sobre su cabeza. Un hombre hermoso y grande que sonríe.
Andante

Madrid, Febrero 2003 – Valverde, Agosto 2013.

Les gafes

Huimos a toda prisa, descolocadas, sin respiración, guardándonos los pasamontañas entre temblores… Ya no había marcha atrás ¿habíamos tomado la mejor decisión?

La decisión no fue nuestra, nos decíamos sin hablar. “Las decisiones siempre las toman otros, atacándonos y obligándonos a responder”

Nos obligó la actitud criminal de ese bastardo, riéndose de todas con sus falsas condolencias y compresiones mientras nos robaba descaradamente. Fue la gota que colmó el vaso…

Las primeras gotas cayeron hace muchos años, cuando dejaron de pagarnos y contestamos con un “plante” (nunca mejor dicho, porque fuimos al parque a fumarnos toda la hierba que encontramos); o cuando decidimos participar en la huelga general (¡que no va contra esta empresa, joder!) el mismo día que se nos acababa el contrato y todas creían que nos lo iban a renovar y además con un ascenso (llevábamos meses siendo buenas, siendo “pro-empresa”)… ¿esperábamos una recompensa por lo que ellos creyeron una chulería?

Todo aquello, y muchas más agresiones y resistencias, nos había llevado a aquel garaje…

“Oye, tía”- dije, con la voz apagada por la negra lana y el negro silencio – “o me pongo las gafas encima del pasamontañas y me reconoce, o no voy a ver si las hostias se las doy a él o a ti”

La telepatía actuó una vez más, viendo la escena y viendo como la otra la veía a la vez… las dos echamos a reír desencajadas sin poder parar y a correr sin querer detenernos… matando los nervios a carcajadas compartidas en la noche loca…

prescindible

Madrid, 10 de Marzo, 2013, mediodía y algo más

Benigna invasión, benigna invasión, acude y sálvanos

Cuando los gritos de ira se convirtieron en plegarias, fue entonces cuando las epidemias benignas inundaron, bendiciéndola, la ciudad; los perros perdieron la voz y las uñas; a toda la población se nos inflamaron tobillos y plantas de los pies haciéndonos insufrible calzar tacón y obligándonos, el dolor, a pisar muy suavemente. Y, la más tremenda, los oídos padecieron una inflamación que filtraba el sonido lejano y que se aliviaba con la almodahilla y el rumor de auriculares musicales…

… y tras unas semanas de disfrutar del silencio desconocido, llegó la invasión; que no oímos llegar, que no vimos a pesar de los mudos avisos de nuestros mejores amigos (ya habíamos olvidado de que para eso los teníamos), y de la que huimos a ridículos saltitos gimiendo “no puedo, no puedo…”.

tumblr_mdwivyBeRq1rlfjo9o1_400

Madrid, 8 de Marzo de 2013. Mañana húmeda.

;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;;

Una corta historia de las de entonces…

Suena la música bajo las tablas del piso; el señorito se enfurece.

-¡Esos negros cabrones!

La trompeta duele en los labios; sólo se atreve a sacarla cuando sus padres se van de viaje.

-¡Nunca podré tocar así!

De pronto se decide, no aguanta más. Baja las escaleras en un portazo, en un salto. La busca entre la música, el humo, las risas… está aquí….

La agarra de una muñeca firme y la arrastra, malditas escaleras, a su mundo iluminado.

-¡Tenemos que hablar!

-¡Ya lo hemos hablado todo y más, niño!

-¡No! No, no, ¿no?

-¿Sabes qué dicen todos ahí abajo, aquí arriba?¡Sabes lo que dirán!

-¿Vas a sacrificar tres vidas por el aire sucio de bocas sucias?

-¡Ya salió el jodido poeta!

-Ya te salió la jodida sonrisa…

-… … … …

William_Claxton_-_Halima___Chat_Baker_large

CHET BAKER

Se ha despertado; ¿un ruido ahí afuera?¿!Una música dentro¡?

Escribe atropellado, intercalando los dedos rasgueos con chasquidos, intercalando los ojos luces con sombras, intercalando palabras y ritmos que nunca llegaban, que están ahí ¡por fin!

Mientras haya alguien
tocando jazz
Tú y yo bailamos

Mientras haya alguien
tocando jazz
hay esperanza

Mientras haya alguien
tocando jazz
todo puede cambiar

Un ruido ahí, afuera, abajo.

Sin ruido, despacio; no sabe el porqué: es su casa y debería bajar airado, armado. Lo que reposa arriba, toda la vida que espera arriba, le ha hecho cauto…

…las ventanas, entreabiertas lo justo y necesario, han arrebatado el humo. El sonido se le aparece aún en algunas sombras. Y la luz del sol naciente alumbra al hombre colgado y desangrándose desde las vigas, hasta las baldosas………………..

Un golpe y un grito apagándose aquí dentro, allí arriba. No sabe qué ha pasado con las escaleras; ya está tras la puerta abierta… en sus ojos sabios recién para siempre apagados; tras la loca sorpresa la malnacida resignación.

Toda esa sangre de dos cuerpos que ya no serán. Un golpe seco de una puerta de hierro, al tiempo, al mismo tiempo, ni antes ni después, un ronco motor que arranca y unas ruedas que chirriarán ya para siempre en su mente.

Aprieta los puños, soltándola ¿cuándo la ha abrazado?¿Cuándo le ha llenado el rostro de lágrimas?
¿Ese es su grito?

Una nota perfecta, rabiosa, de desesperada esperanza.

Ahora entiende a esos negros cabrones y su cabrona música.

En lo que nace una canción
muere una vida

En lo que nace una canción
no estás ya aquí

En lo que nace una canción
muere mi vida

En lo que nace una canción
nace una pregunta
¿para qué otra vida?

12

BOARDWALK EMPIRE

Madrid, ¿madrugada? 6, Marzo, 2013

A %d blogueros les gusta esto: